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sábado, 10 mayo 2008

LA BULDOG (SAGA DE LOS CUBILETES)

Si la llamábamos “la buldog” no era por su cara bonita precisamente, pero aquel mote no le hubiera caido encima si aún siendo esencialmente fea como era, no estuviera además empeñada en hacernos la vida imposible. Cuando eres niño, no te paras a pensar en razones ajenas de adulto, ni si esta o aquella persona tiene problemas que la convierten en alguien desagradable, hosca y agresiva. Todo eso te da igual.

En realidad, “la buldog” siempre estuvo ahí no solo para martirizarnos, sino también para unirnos, y también en muchas ocasiones para reirnos y divertirnos. Puede ser cruel visto desde la sensatez que da el tiempo y la edad, pero en aquel momento, acabar con “la buldog” se convirtió en nuestro único objetivo.

Pudo ser un cristal roto por un balón, los gritos en la calle en las medianoches de verano, o los miles de cascos de pipas poblando el portal de una tarde ociosa. Que más da. Lo que si recuerdo perfectamente es que el día que “la buldog” arrastró por la oreja a Roy escaleras arriba hasta un quinto piso para pedirle cuentas a su padre, juramos eterna venganza.

La Buldog, se iba a enterar…