viernes, 11 mayo 2007
LA FUNDACION: LA EXCURSION (IV)
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La noche anterior era casi imposible dormir pensando en las aventuras que correríamos al día siguiente. Todo era realmente excitante, la preparación de la mochila, el olor temprano a tortilla que salía de las bolsas o las chocolatinas en otros momentos vetadas con las que mi madre siempre me sorprendía. Cuando te dormías lo hacías por puro agotamiento, y tan tarde que ni siquiera quedaba tiempo para soñar porque ese era el día que más querías madrugar.
Ponías aquellos pantalones bombachos, y aquellas tremendas botas de cordones de colores untadas con grasa de caballo; en la mochila metías un jersey de lana con cuello alto para protegerte del frío, un anorak canguro por si llovía, de esos que atabas en la cintura, y muchas, muchas ganas de aventura. Por fin ya no había dudas, ya eras un auténtico montañero.
Aquella mañana, y ya en el autobús, el Padre Cantillo repasaba uno por uno que todos los presentes llevásemos el equipo adecuado, incluido el escapulario con la Virgen de los Desamparados, por si acaso…Con todas sus cosas, no puedo evitar cierto reconocimiento a aquel hombre de voluntad férrea, porque él, estaba convencido de que todos aquellos críos podían ser como los demás. Y aunque hoy eso podría considerarse algo normal, en aquellos tiempos era bastante revolucionario.
El trayecto duró un par de horas por las sinuosas curvas de las carreteras del interior asturiano. Pero no recuerdo que nadie se mareara, a excepción claro, del Padre Cantillo cuya cara iba tomando con los kilómetros recorridos, una tonalidad cada vez más pálida. Incapaz de controlar nuestros movimientos por el autobús acabó sentado junto al conductor, inmóvil y congestionado, con la bolsa azul en una de sus manos y el escapulario en la otra. No había duda, antes de llegar él ya estaba en Babia….
Así que cuando descendimos del autobús esta vez ya todos en Babia, pocas fuerzas le quedaban para contarnos aquella historia del dicho popular “estar en Babia”; la de un Rey de León cuyos cortesanos aprovechaban para conspirar mientras el monarca se ausentaba de la corte para descansar en un palacio que tenía en esa privilegiada zona de los límites astur-leoneses. Sin atender demasiado a todos sus signos de advertencia sobre los diversos peligros existentes en la montaña, la mayor parte de nosotros corríamos monte arriba, como si compitiéramos por llegar los primeros en la ascensión al primero de los lagos de Somiedo, el lago de la Cueva…
- ¡No os separéis y caminar juntos…!
Y viendo como nos íbamos dispersando cada vez más, el cura, ¡pobre hombre!... se desgañitaba inútilmente debajo de su alzacuello:
- ¡He dicho que en grupo, en grupoooo…!
Pero de poco servían sus chillidos. Antes de concluir esa primera parte del trayecto, ya todos nos habíamos dispersado en pequeños grupos y entre ellos, el más despreocupado de todos era el nuestro, empeñado en cazar lagartijas, beber de todos los regatos, discutir si la mina junto al lago era de hierro o pirita, intentar montar un hermoso potro, probar la leche de vaca directamente de la ubre, investigar que hay dentro de una payoza, observar detenidamente una hermosa malva, mirar absortos los neveros ya casi estivales del viejo glaciar, sentarse junto a una hermosa laguna o simplemente alzarse con el record mundial de distancia en meadas a sotavento.
Mantuvimos a la vista a nuestros compañeros hasta pasar el primero de los lagos, pero cuando bordeamos los Picos Albos y traspasamos el lago de Calabazosa, justo al superar una pequeña loma, quedamos perplejos. Un espectacular panorama se abría ante nosotros, un enorme valle que debíamos atravesar, con la pequeña dificultad de no tener a la vista, ni rastro de nuestros compañeros, ni camino visible, ni sendero por el que descender de aquel cordal,… ni siquiera la más mínima idea de donde estábamos.
No muy lejos de nosotros entre los matorrales una cierva nos observaba curiosa. Fue la primera vez que tuve una idea aproximada de cómo debía ser el paraíso...el lugar donde nace lo imposible…
Tema: N'Alcordanza - Tejedor
Fotos: Flickr- Todas ellas del Parque natural de Somiedo (Asturias) y Babia (León)
01:40 Anotado en LAS AGUAS DEL RIO | Permalink | Comentarios (6) | Email esto | Tags: Somiedo, Paraiso, Excursión, Relato











Comentarios
A poco q me despisto me llenas el blog, a ver q te comento y me leo el resto, aunque... aparece el problema de los recuerdos, porque yo te leo y veo mis excursiones a Somiedo, de cuando me perdi cuando perseguia un corzo o como logre caerme en el lago
Mis profesores me tenian panico por ser siempre protagonista de historias increibles, en fin... que tienes razon, que el paraiso esta en nuestra tierra y cuanto mas me marcho mas lo aprecio y añoro volver. Algun dia envejecere aqui :)
Un besazo
Anotado por: yahoraquebonita | viernes, 11 mayo 2007
Nunca he estado en el Parque Natural de Somiedo, pero gracias a ti, pude disfrutar de una maravillosa excursión y contemplar tan de cerca una cierva, simplemente leyendo tus palabras y cerrando los ojos... Este año intentaré ir por Asturias en verano, Llanes es un lugar que siempre he querido conocer, recuerdo que siempre que he pasado por allí de camino a algún sitio pensaba que me encantaría quedarme allí unos días...
Un beso enorme y buen fin de semana.
Anotado por: Blanca | viernes, 11 mayo 2007
Dan unas ganas enormes de haber estado en esa excursión, y eso (te lo juro) que soy muy poco campestre.
Besos.
Anotado por: Kotinussa | viernes, 11 mayo 2007
Asturias es precioso, tengo un vínculo especial con tu tierra. Me has hecho recordar...
No sé si lo más emocionante de tu historia es todo lo que visitas o el hecho de no obedecer las normas ;)
Un beso.
Anotado por: Adise | sábado, 12 mayo 2007
Esas excursionesssssss, jajaja, nos parecían un mundo, qué cosas!
1beso
Anotado por: mordandis | sábado, 12 mayo 2007
ya me lo imagino---
Anotado por: natalia (cenicienta) | viernes, 21 septiembre 2007
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