jueves, 09 noviembre 2006
CUANDO EL SOL SALE POR EL OESTE (IV)
No soy capaz de recordar su nombre por mucho que lo he intentado. Solo recuerdo que vivía en Santa Fe (Granada); y que tenía una granja en la que criaba codornices que luego distribuía por toda España. Especialmente por Cataluña. Muchas veces me he acordado de este curioso personaje que tuvo el valor de parar a aquellas horas de la madrugada en la carretera y soportar durante bastantes kilómetros el hediondo olor de mis ropas. Creo que le conté toda mi historia y debí de inspirarle cierta confianza pues a pesar de todo me ofreció irme a Granada con él y con su mujer para ayudarles en la Granja. En realidad estaba tan desesperado, tan hambriento y tan cansado que ya no tenía ni idea de lo que hacer. Pero Granada estaba entonces para mi demasiado lejos.
El hombre de las codornices quiso darme quinientas pesetas antes de despedirse de mí en Lleida. Pero no acepté, porque aunque sabía que era un préstamo y que un día se las devolvería, de nuevo mi orgullo se interpuso. Años después la vida me llevaría a Granada, y aunque entonces lo intenté, no me fue posible encontrar a aquel hombre que en la situación más desesperada me había echado una mano. Aún hoy me gustaría haber podido agradecérselo.
Ya amaneciendo, caminé de nuevo hasta la estación de autobuses con el objeto de poder al menos resguardarme hasta que fuera totalmente de dia. Me senté en un banco de la estación y comencé a repasar en mi cabeza el porqué de aquella situación. Sucio, sin dinero, con hambre y sufriendo las miradas de la gente que se apartaba de mi olor pestilente. Allí pasé horas, no se cuantas, sin nada que hacer, sin sitio a donde ir...Visto con la perspectiva del tiempo, creo que fue uno de los momentos peores de mi vida, y también uno de los más importantes. Una mujer pasó a mi lado, y extendió una moneda de cinco duros. La miré fijamente y le di las gracias, rechazando la moneda. El gesto de aquella mujer me hundió más aún…
Pero a veces, en los momentos más desesperados, ocurren esas casualidades que vienen a cambiar el rumbo de nuestras vidas. Casualidades con las que uno no cuenta y que parecen caídas del cielo. Cuando ya la estación parecía tomar el ritmo normal del día, alguien puso su mano en mi espalda. Me di la vuelta y allí estaba sonriente, con su espesa mata de pelo blanquecino y sus ojos claros llenos de optimismo. Mohamed regresaba a Fraga con la cuadrilla que le había contratado. Al fin había conseguido trabajo y parecía estar bien.
- ¡Mohamed!....- Creo que le di un abrazo absolutamente desesperado
- Xienra bon ami....
- ¡Que bien te veo…!
- Je te vois très faible. Tu devrais manger…
Mohamed me invitó a comer un increíble bocadillo en una de las calles adyacentes a la estación de Lleida, y se portó conmigo más como un padre que como un compañero de trabajo. Más tarde, sentados en uno de los parques cercanos a la estación de Lleida, y después de contarle el desastre de los últimos días, me miró con sus ojos cristalinos, mientras en un tono absolutamente paternal vino a decirme medio en francés, medio en español...., aquellas palabras:
- Buen chico Xienra…, mais tu devrais revenir avec ta famille. Parfois le soleil sort par l'ouest….( deberías volver con tu familia, a veces el sol sale por el oeste…).- a la vez que con el dedo índice golpeaba levemente su sien pidiéndome cordura.
Así decidí volver a casa, volver hacia el oeste, a sabiendas de que allí, tal y como Mohamed me había dicho, encontraría otros amaneceres muy distintos.
01:50 Anotado en SIENTO QUE... | Permalink | Comentarios (6) | Email esto | Tags: Relato, Amistad











Comentarios
Asi que es verdad eso que dicen que no hay mal que dure cien años... bueno.. un consuelo, me quedan noventa y nueve.
:)
Y como eres un tipo excepcional, eso mismo hace que atraigas a gente excepcional a tu lado, sin duda.
1beso
Anotado por: mordandis | viernes, 10 noviembre 2006
Que bien que en todo lugar se pueda encontrar alguien hermoso, una gran persona; los que hacen que no perdamos la fe en el resto de la humanidad.
Recibí tu correo. Le tengo pendiente de aplicación.
Un beso con abrazo. PAQUITA
Anotado por: paquita | viernes, 10 noviembre 2006
Afortunadamente, hay por todas partes gente dispuesta a echar una mano, aunque sea a un harapiento maloliente.
Anotado por: Kotinussa | viernes, 10 noviembre 2006
Ya tenía ganas de saber cómo habías salido desde el tema de los pollos, lo debiste pasar fatal...el orgullo...
Es cierto lo de que siempre sale el sol, por el oeste no me cuadra ;-)
Ah, yo había leído bien el pots de los anónimos, cuando le dí a comentarios desapareció, que cosas tiene "la intelné"
Abrazos.
Anotado por: Niebla | sábado, 11 noviembre 2006
Snif..que historia más bonita amigo.. Yo estoy convencida que nunca esta todo terminado..cuando hay fé..cuando hay ganas siempre aparece algo o alguien dispuesto a ayudarnos.. que bien viene encontrar una palabra amiga, unos ojos que nos miren con cariño.. un abrazo cuando sentimos todo terminado.
Tu historia es muy fuerte pero grande.. tan grande como tu alma querido xienra.. tu siemrpe me dices cosas muy bonitas y esta vez debo decirtelas yo.. Desde la primera vez que te leí..hace ya algo de tiempo y me permitieras viajar con tus historias algo dentro de mi me dijo que eras especial ..que definitivamente tu forma de contar las cosas era la de alguien que ha vivido mucho, que ha arriesgado y se ha forjado observando y absorviendo lo que ha encontrado en el mundo... Por esto te felicito..y ahora lo compruebo.. tu sensibilidad tiene razón de ser amigo.. si la llevas contigo siempre..cada vez serás mejor persona... y seguirás siendo ese hombre tan encantador que un día la casualidad permitió que descubriera através de sus letras.
Y espero poder seguir descubriendo..
Un abrazo..
Anotado por: mapi | sábado, 11 noviembre 2006
Que bonito... Es q conocerte y quererte creo q van unidos.. Fuiste muy valiente, especialmente al decidir volver a casa.. besos
Anotado por: natalia (cenicienta) | miércoles, 22 noviembre 2006
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