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jueves, 07 septiembre 2006
CUANDO EL SOL SALE POR EL OESTE…
Recorrimos juntos aquellas tierras buscando alguna oportunidad de trabajo. Pero nos habíamos anticipado a la cosecha. Ni los melocotones, ni las peras estaban aún en su grado óptimo de maduración. No es que mi relación con mis padres fuera mala, pero al contrario de lo que ocurría con todos aquellos árboles frutales yo si creía que era mi momento óptimo. Con diecisiete años y sin ningún interés por seguir estudiando, la vida de algunos de mis amigos que ya trabajaban y disponían de ingresos propios me había generado expectativas a las cuales no estaba dispuesto a renunciar por mucho que en casa me dijeran que era pronto, que el mundo de ahí afuera era muy duro y que lo más conveniente era que estudiara. Animado además por mi deseo de perder de vista ciertas amistades y ciertos hechos recientes, nadie había podido evitar que cargado con mi mochila y seis mil pesetas en el bolsillo, me subiera en un tren para disfrutar unas falsas vacaciones, cuyo objeto no era otro que dejar atrás la familia y el domicilio paterno para trabajar en la cosecha catalana de la fruta.
Hasta Mohamed me llevó la solidaridad que se despierta entre los desechados, cuando día a día los payeses iban señalando con la mano a los elegidos para cada jornada de trabajo. Los agraciados se subían a las furgonetas mientras los que menos aspecto de trabajadores fornidos teníamos nos quedábamos en tierra pensando que al día siguiente podríamos tener mejor suerte. Después de varios días siendo rechazado, y cuando aquellas escasas seis mil pesetas fueron consumiéndose, decidí subirme a un autobús para plantarme en las zonas de los cultivos y ofrecerme directamente a los payeses. Mohamed había tenido la misma idea y decidimos compartir la búsqueda repartiéndonos las fincas a visitar. Pero día tras día, las negativas se repetían y el trabajo seguía sin aparecer. La única ventaja que tenía la búsqueda a pie de finca era que siempre uno podía echar mano de los frutales cuando el hambre apretaba, aunque esto tuviera consecuencias fisiológicas casi siempre inevitables. Y en cualquier caso, el hambre en compañía sabía mejor.
Las primeras noches yo me había quedado en la casa de un conocido de otro conocido de Asturias que estaba trabajando como topógrafo en la zona y que se había ido de viaje a Barcelona. Allí puede quedarme la primera semana, a condición de que la abandonara en el momento que regresara su inquilino habitual. La jornada básicamente comenzaba a las cinco de la mañana en la cola de obreros disponibles junto al puente del Cinca y terminaba ya de noche con los pies molidos y el estómago dolorido y hambriento.
A medida que iban pasando los días, mi cuerpo iba adquiriendo un aspecto más y más endeble de lo que ya era, nada sugerente a los ojos de los empleadores que buscaban gente musculosa y aparentemente resuelta para el trabajo. Mohamed tampoco tenía suerte, pues superaba con creces los cincuenta años y su aspecto canoso y envejecido disuadía a los payeses de la posibilidad de contratarle. Compartimos largas jornadas de búsqueda, en las que sin que yo supiera ni gota de árabe, ni apenas francés; ni él conociera más que dos palabras en castellano, tuvimos largas e interesantes conversaciones sobre nuestras vidas, nuestras familias y nuestro futuro inmediato. Era Mohamed un hombre digno, trabajador y honrado que solo buscaba un futuro mejor para su esposa y para las seis hijas que había dejado en Argelia. Nos hicimos buenos amigos en apenas unos días, hasta el punto que en varias ocasiones rechazamos posibles trabajos por no poder ser empleados los dos; como si entre nosotros se hubiese instalado una curiosa solidaridad proletaria de imposible revolución...
Lo que yo no contaba tras rechazar esos trabajos, es que apenas tendría nuevas oportunidades, que el dinero se me acabaría y que en breve tendría que dejar el apartamento porque el conocido del conocido volvería de Barcelona y no debía encontrarme ya allí. Aquella no era, precisamente, la revolución que yo esperaba.(...)
00:40 Anotado en LAS AGUAS DEL RIO | Permalink | Comentarios (8) | Email esto | Tags: Relato, Amistad











Comentarios
Aunque al parecer no fue la revolución que tu esperabas querido Xienra como todas las cosas en la vida veo que descubriste cosas nuevas (sobretodo seguro de tu aguante y posiblidades) y encontraste un amigo. No se si te sucederá lo mismo que a mi pero hay personas que pasaron por mi vida, se hicieron mis amigos y aunque ya noe stan cerca y en casos nos e nada de ellos siempre hay ocasión de recordarlos ..de tal manera que el corazón se alegra y entonces sabes que siemrpe estarán allí y en tu vida, en lo que tu eres y aprendiste de ellos.
Después de todo la experiencia sería enriquecedora y seguro que hasta para tu estómago que aprendería a soportar casos extremos je,je..
Linda historia Xienra como siempre.. Yo tambien he tenido mis momentos de revolución como cuando me fui de monja o cuando me escape de misiones a la selva o cuando cruce el oceáno para seguir a mi marido.. y todas llenas de aventuras.
Un beso..
Anotado por: mapi | jueves, 07 septiembre 2006
Pero seguro que esta revolución, a tu juicio fallido, te aportó elementos para otras revoluciones más dinámicas, más reales en otros momentos.
Estas experiencias enriquecen tanto que no somos conscientes de lo que representan hasta que en otros momentos, como ahora mismo que te leemos, tú recuerdas tu hambre, tus esfuerzos, la amistad con Mohamed y tus rutas por el Cinca… A pesar de la dureza, ves cuánto queda!
Anotado por: clarissa | jueves, 07 septiembre 2006
la revolución nunca es como la esperamos
ni la vida
Anotado por: epoptek | jueves, 07 septiembre 2006
Un bello relato más a añadir a tu lista.
Has sido muy precoz, ahora con taitantos siguen en casa..
La amistad es un preciado tesoro.
Saludos.
Anotado por: incondicional | sábado, 09 septiembre 2006
Lección aprendida de una experiencia, la de decidir por tí mismo, que no fue lo que esperabas, aunque creo que en la vida pocas cosas salen como lo planeamos.
Como se sienten las personas que trabajan así de duro con la necesidad de mantener a otros que dependen de ellos.
Sí, se establece un vínculo especial con personas en situaciones límite y aunque esas relaciones no perduren en el tiempo, se recuerdan con sentimiento y permanecen para siempre.
Gracias querido Xienra.
Greta
Anotado por: Greta | sábado, 09 septiembre 2006
Aprendiste la lección bien pronto, oye, muchos no la aprenden nunca.
Un beso.
Anotado por: GLAUKA | domingo, 10 septiembre 2006
¡Qué valiente fuiste! Una demostración de talante la tuya ¡Sí, señor!
PAQUITA
Anotado por: Paquita La Lc@ | jueves, 14 septiembre 2006
tu corazón como siempre tan grande... pocas personas serían capaces de rechazar un trabajo por alguien al q apenas conocen..´Aunq no lo creas, sí q hiciste una revolución. besos
PD: perdona por la tardanza, es q mi tiempo se ha reducido notablemente. besos
Anotado por: natalia (cenicienta) | jueves, 05 octubre 2006
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