viernes, 14 abril 2006
MAGDALENAS PARA SILVIA (II) - (VERANO DEL 83)
Continuación de...
Mientras tanto Alfonso, su marido fue cogiéndome cariño de tanto verme en su casa, y sin saberlo se convirtió en mi cómplice. Se empeñó en enseñarme a pescar truchas con la mano
y acepté porque sabía que las salidas nocturnas al río acabarían por las mañanas en casa de Silvia. “No se a que vas…para lo que traes…” le decía ella. Nadie entendía muy bien, porqué aquel hombre se iba tan temprano, casi sin amanecer y volvía siempre con las manos vacías. El día que le acompañé lo entendí, tenía una destreza increíble para conseguir que las truchas fueran a su mano, y una vez en ella sacarlas del agua de un solo envite. Sin embargo lo que más le hacía disfrutar era soltarlas de nuevo:
- Mientras yo las suelte ellas seguirán dejándose pescar ¿no crees?
Ese día llevamos dos truchas de un buen tamaño a la casa, pero yo sabía que solo lo había hecho para darme satisfacción a mi “Le has traído suerte” me dijo Silvia pero yo sabía la verdad. Alfonso dejaba que las truchas se fueran entre sus manos…porque su placer era jugar con ellas y disfrutar del hecho mismo de tenerlas cerca, entre las manos, para luego entregarles la libertad. “¿No hay nada mejor que verlas ir…¿verdad?, si..., así es,…si las amas debes dejarlas libres, es la ley del rio”
Me sentí un poco mezquino como si estuviera traicionando a un amigo porque aunque en aquel momento creí entender la lección de Alfonso, a mí lo único que me importaba era Silvia.
Habían pasado cuatro años desde el incidente en el patio de su casa. Yo ya tenía 13 años a punto de cumplir catorce, y aunque mi cuerpo fuera de niño todavía (durante muchos años más lo fue) empezó a crecer en mí algo intenso. Algo que yo hasta entonces desconocía. Algo que hacía que mi cabeza no tuviera más ocupación que una sola cosa: Silvia. Ya no era que le llevara el pan o las magdalenas, es que aprovechaba cualquier oportunidad para estar cerca de ella. Si mi madre iba al mercado y ella iba, yo iba,…si iban de compras a La Bañeza, pues yo iba, si cocinaban juntas yo hacía de pinche, si iban al río por las tardes yo iba, si iban a la verbena nocturna yo iba y aguantaba hasta el más odioso de los pasodobles, todo por tenerla cerca. Así fue como asistí a un montón de conversaciones de mujeres treintañeras,…sobre sus cosas, sus problemas, sus gustos,…LLegué a saber mucho de ella, algunas cosas realmente íntimas pues había momentos en los que olvidaban que yo estaba allí escuchando las conversaciones que mantenían las dos.
- ¿No vas a jugar al fútbol con los amigos...?.
- No me apetece…
- Este crío…no se que voy a hacer con él...esta enmadrado del todo…es muy niño… ¿a que si cariño?
- Si mamá - contestaba yo con disimulo.
Porque mi objetivo fundamental era estar a lado de Silvia, mirarla sin que me viera, fijarme en todos los detalles que pudiera y retenerlos en mi memoria, para luego en silencio sentirlos en mí. Desde un lunar hasta el gracioso rizo
que su pelo hacía bajo una pinza, pasando por aquella boca suave, y por aquellos labios que me quemaban cada vez que por diversos motivos se acercaban a mi para besarme. Y lo hacía a menudo, aunque de una manera que no era a la que yo entonces aspiraba. Simplemente era su niño, el que le llevaba las magadalenas y le hacía compañía silenciosa al menos un par de veces al día.
- Silvia,..
- Dime
- Tu sabes que yo te quiero ¿no?
- Claro…mi niño…y yo a ti también. Cuando seas mayor vas a volver locas a las chicas…
Si,…, pronto supe, que a mi manera, a la manera de un muchacho que ya ni era niño ni era hombre, me había enamorado. También supe, que aquello que yo sentía era imposible, y en silencio, contra mi almohada lloré mis primeras lágrimas de amor, últimas de niño. Porque comprendí rápidamente que en la vida hay cosas que son imposibles, renuncias necesarias, cuyo dueño es el silencio y que como Alfonso cuando volvía del río, yo también volvería ese verano con el corazón vacío y roto. El secreto habría de quedarse conmigo de por vida. O por lo menos, hasta que alguien, con el tiempo, llegara para arrancármelo y de paso curara la herida…o me hiciera otra que doliera más aún, como iba yo a saber...
Tema: Claro de Luna - Debussy
01:20 Anotado en LAS AGUAS DEL RIO | Permalink | Comentarios (11) | Email esto | Tags: Relato, Pasado, Amor











Comentarios
Chiquillo, qué bonito lo cuentas.
No esperaba una continuación de la historia. ¿Hay más? Ya estoy con la curiosidad...
Anotado por: Kotinussa | viernes, 14 abril 2006
Es que si fuéramos conscientes de que nos pueden herir, no nos metíamos de cabeza en las relaciones...parece que siempre empezamos de cero y la memoria se nos borra.
Los amores platónicos son tremendos!
1beso
Anotado por: mordandis | viernes, 14 abril 2006
Me ha fascinado mi querido Xienra.. este es de los relatos mas bonitos que has escrito.. ya sabes que he leido casi todos tus post..y aunque me han gustado mucho yo notaba en ellos un poquito de contención, de mesura, de negarte a la entrega total tu me entiendes ¿no?. Pero en este has enseñado de tal forma tus sentimientos y tu interior que ya te dije.. me ha encantado... y el final.. super.. ahora eres tu el que me deja con la intriga..y las ganas de saber más.. Has abierto tu corazón a tus lectores y yo creo que eso te lo agradecemos todos..
Te cuento que no fui a Viena.. ayer por la mañana Manuel somnoliento (y cagandose en todo(eso lo dice el no yo) ).. se cayo por las escaleras y se hizo un esguince..así que planes fuera.. pero estoy en Sevilla.. he conducido mucho---pero nada me arruina la semana santa!!
Un beso enorme y un abracito...
De una fiel lectora :)
Anotado por: mapi | viernes, 14 abril 2006
Creo que tu amor es como el sabor de una magdalena, suave, esponjoso que se empapa de cualquier mirada, que se infiltra entre el café de la mañana. Es como el olor que desprenden cuando están recien hechas cuando abres el horno y llega hasta picarte los ojos, por la prisa que surgen del interior y quieres comerlas. Todas esas mujeres que han inspirado amores tan adolescentes, tan llenos de inmensidad se merecen tu reconocimiento en esta historia de Silvia.
Anotado por: Amaranta | viernes, 14 abril 2006
Leerte es un placer para los sentidos. Visualizar a Silvia, escuchar la música que la acompaña, oler las truchas, catarlas, y el pan caliente, las magdalenas, sentir tus lágrimas en las mejillas... Sí, efectivamente, también Maurice, un placer para los sentidos...
Anotado por: clarissa | viernes, 14 abril 2006
con 14 años, enamorado, iba con mi chica
unos mayores pasaron a nuestro lado, y se rieron
"amores de niños", dijeron
aquello se me quedó grabado
supe, desde entonces, que el amor es un océano en el que te bañas, no importa la edad, y del que nadie debería burlarse, tengas la edad que tengas
Anotado por: epoptek | sábado, 15 abril 2006
me estás tocando el alma...
Anotado por: clarissa | sábado, 15 abril 2006
Me gustó la historia, me gustó tu forma de contarlo, y me encantó esa Ley del Río que te enseñó Alfonso.
Un saludo
Anotado por: _azul | sábado, 15 abril 2006
escribes muy bonito.
Besos
Anotado por: Cris | lunes, 17 abril 2006
Que gran relato...
Me he leído los dos post del tirón, y pese a tus heridas de amor adolescente, no deja de tener un fondo realmente entrañable.
Y yo me pregunto, no es acaso la mejor manera de crecer? Tener una Silvia al lado durante esos años es uno de los mejores recuerdos de preadolescente.
Saludos escandinavos
Anotado por: telmo | lunes, 17 abril 2006
q bonito, tu amor platonico.. yo tb sufrí mucho por el mío.. besos (me encanta como escribes, siempre vivo contigo tus historias, tus letras cobran vida. gracias)
Anotado por: natalia (cenicienta) | domingo, 23 abril 2006
Dejar un comentario