sábado, 08 abril 2006

MAGDALENAS PARA SILVIA (VERANO DEL 79)



Alfonso y Silvia eran amigos de mis padres. Leoneses emigrados a Asturias tenían en su pueblo dos bonitas casas. Todos los veranos nos invitaban a disfrutar de unas semanas en una de aquellas casas de adobe situadas cerca del río. Íbamos, como se dice en León, a "secarnos" , generalmente al final del verano cuando en Llanes el verano se apagaba.

Una mañana de finales de Agosto mi madre me pidió que fuera a por el pan y que pasara antes por la casa de Silvia para que también trajera el suyo. Cogí la bolsa del pan, la colgué del manillar de la bici, y me dirigí hacia allí. La casa tenía un pasillo central y en la parte posterior un patio con un pozo de agua. Entré en la casa, que estaba prácticamente a oscuras, con las persianas bajadas para evitar el calor. Fui recorriendo la casa pero parecía que estaba vacía. Se me ocurrió que quizás estuvieran en el patio trasero y desde la puerta del mismo eché un vistazo, pero no vi nada, salvo un montón de aperios de jardinería amontonados contra el muro, el pozo de agua y una silla de playa.

Estaba yo allí, detrás del cristal brumoso de la puerta del patio, cuando por detrás de la silla de playa, la vi levantarse. Y entonces mis piernas comenzaron a temblar, y lo hicieron de tal forma que yo creo que estuve a punto de caerme. Silvia estaba sola, y solo llevaba puesta la parte inferior de su bikini. La verdad es que a pesar de vivir con varias mujeres (madre y hermanas), yo nunca había visto ninguna mujer desnuda pues mis padres son de otra generación y siempre han sido muy pudorosos, ya no digamos mis hermanas; a lo que se añade que por lo general los chicos teníamos-tenemos un gran desconocimiento del cuerpo femenino. Así que me quedé de piedra, paralizado. Mientras, ella miró su reloj, dobló la toalla que tenía sobre la silla de lona, soltó el libro que estaba leyendo, se recogió el pelo y se puso un coletero.

Y esa imagen… de Silvia de pie frente a la puerta, con la luz del sol de mediodía reflejándose en su cuerpo semidesnudo, en su piel sudorosa, sin saberse observada, con los pies juntos, la cabeza inclinada hacia atrás, los brazos en jarra sobre su pelo, y sus rotundos pechos desnudos mirándome, quedó grabada en mi memoria para siempre, como un icono, como un ideal de mujer, de belleza, de sensualidad... No se cuanto tiempo duró aquello pero a mi me pareció una corta eternidad. Aún tuvo tiempo de cubrirse antes de que me viera.

- ¡Ah!, ¿estas ahí?, ¿Llevas mucho?

Pero no fui capaz de articular palabra, radiante y culpabe a la vez, solo moví la cabeza de lado a lado.

- Vienes a por el dinero para el pan ¿verdad?

¡Que trago más duro mirar aquellos ojos negros, que sabían de mi terrible pecado!. Creo que me puse tan colorado, y debió de verme tan alterado, tan avergonzado, que Silvia solo esbozó una sonrisa, pasó su mano por mi cabeza y se dirigió a la cocina para darme el dinero. Agarré el billete, sin mirarle a los ojos y salí corriendo, no sin antes escucharla detrás de mi…

- ¡Tráeme unas magdalenas también!

Me subí a mi bicicleta y volé hacia la panadería, eufórico, nervioso y excitado con lo que acababa de vivir. Al llegar, con la adrenalina a tope, solté la bici sobre el suelo y un poco a trancas y barrancas conseguí mantenerme de pie. Corrí hacia el interior a por el encargo con su imagen dando vueltas en mi cabeza. Nada más verme, el panadero bromeó como solía hacer con mi dificultad infantil para pronunciar el fonema /K/, pero a mí no me importaba porque el hombre era simpático y solía tener detalles. Ese día me regaló una magdalena recien salida del horno. Puso en mi mano aquella magdalena, y entonces entre los aromas calientes a mantequilla, vainilla y huevo, pensé en Silvia. Y la magdalena me supo a gloria…

Nada trascendió de aquello, pero unos días después, una tarde en el río, tras el baño, mi madre se empeñó en que tenía que cambiarme el bañador por uno seco. ¡Que ocurrencia! ¡Justo allí delante de Silvia! Me negué tajantemente, ante el asombro total de mi madre que no daba crédito a aquella actitud pudorosa hasta ese día inédita en mí. Fue entonces cuando Silvia, le dijo a mi madre:

- Mujer, que tu no te das cuenta pero ya va siendo un hombrecito...

Aquella frase y aquellos hermosos ojos negros cómplices me hicieron el niño-hombre más feliz del universo y por su puesto su proovedor oficial de magdalenas.

Silvia se convirtió en mí fantasía adolescente favorita...

Tema: "Mrs Robinson" - Simon&Garfunkel

Comentarios

Qué lindos recuerdos, qué bien los plasmas! No sé por qué con tu título y contenido me recuerdas el primero de los seis volúmenes de Proust "En busca del tiempo perdido", cuando el protagonista moja su magadalena en el té y aquel olor, aquel sabor desatan un sinfin de recuerdos...
Benditos los sabores de las magdalenas!

Anotado por: clarissa | sábado, 08 abril 2006

Buenísimo el post. Es muy lindo de verdad. un gustazo leerte hoy!!! Besotes

Anotado por: .:. Titi .:. | sábado, 08 abril 2006

Este tipo de recuerdos son muy hermosos, llevan olores, sabores, texturas, colores. Llevan luz y paisajes además de toda la voluptuosidad del despertar de un deseo.

Anotado por: Amaranta | sábado, 08 abril 2006

¡Cuántas páginas de la literatura y del cine se han originado en esos veraneos en el pueblo! ¡Y qué experiencias y recuerdos tan parecidos pueden unir a personas de generaciones y países muy diferentes!

Anotado por: Kotinussa | sábado, 08 abril 2006

Lo recibo divinamente y te siento. Gracias.

Anotado por: clarissa | domingo, 09 abril 2006

Precioso.....pero creo que la historia me suena, es más todos los hombres, o al menos la de nuestra generación tenemos historias muy parecidas....a ver si un día cuento la mia.

Un abrazo

Anotado por: automata 34 | lunes, 10 abril 2006

Si es que un par de buenas magdalenas obran milagros...
;)

Anotado por: mordandis | lunes, 10 abril 2006

q bonito, tienes una forma especial de contar las cosas, les das tanta vida.. me encanta.. besos
pD: volvere dp de semana santa, me voy a extremadura..

Anotado por: natalia (cenicienta) | martes, 11 abril 2006

Muy bonita historia.Cada vez que te leo Xienra descubro mas de ese hombre tan sensible que debes ser. Cada recuerdo, cada momento importante de nuestra vida ha de quedarse escrito en nuestra alma si lo dejamos para que al recordarla nos sea posible regresar atras y revivirlos como creo que has hecho tu cuando escribias este post..por la forma en que has contado la historia trasmitiendo tus sensaciones... Como siempre maravillosamente..Y como ese recordar es algo bonito y gratuito ..pues a aprovecharlo ;)
Eres una ricura.. Un besito
PD .y gracias por visitar mi blog...y a ver si con suerte un dia coincidimos en el msn...

Anotado por: mapi | martes, 11 abril 2006

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