jueves, 30 noviembre 2006
OTRA LISBOA (...)
Mucha gente ya conoce Lisboa, así que no os aburriré contando un viaje que apenas ha sido por que ha durado poco, poco…. Sin embargo si quería pararme un momento para pensar en un par de ideas que me han rondado estos días.
La primera de ellas es que vayas donde vayas, siempre encuentras gente y situaciones que te sorprenden. Lo normal en Lisboa es dejarse arrastrar por las increíbles puestas de sol, o por la hermosa fisonomía de esta ciudad, pero no menos fascinante pueden resultar las miradas de unos niños, la cara indecisa de una mujer frente a un escaparate, o un grupo de jóvenes practicando Falong en un parque junto al río. Es cierto que esto, o cosas parecidas, pueden ocurrirnos a diario junto a nosotros, sin tener que realizar ningún viaje. La diferencia es que en nuestra vida diaria no tenemos ni el tiempo, ni la disposición necesaria, para percibir, para pararnos y ver la vida con estos detalles.
La segunda de las cuestiones tiene que ver con quienes viajamos. Nuestra presencia transforma los lugares a los que vamos. Y nosotros mismos, en nuestras cabezas también obramos cambios que con el tiempo moldean los lugares que visitamos en el pasado, idealizándolos para bien o para mal. Pasan los años y casi nunca la realidad se ajusta a la idea que se forma en nuestra memoria. Así cuando años después vuelves a un lugar, dices: “esto era así, o de esta otra manera”; llega a molestar que aquello haya cambiado y que tu idea ya no corresponda con la realidad. Así somos los turistas-viajeros (la diferencia no es relevante al caso) de vanidosos y estúpidos.
Porque las ciudades cambian como cambiamos nosotros, ni yo soy aquel, ni Lisboa es como era. Ahora, como me pasa a mí también, la ciudad de los claveles en los fusiles ya es otra distinta que va creando en mi cabeza una nueva imagen, que con los años supongo, tampoco será real. Mi segundo viaje a Lisboa ha servido para borrar aquella idea que tanto tiempo rondó mi cabeza de ciudad del desamor. Prefiero verla como ahora la veo, tan triste y decadente como entonces, pero cargada de momentos hermosos, que espero habiten mi memoria para siempre. Algún día leeré esto que hoy escribo, y sentiré la necesidad de ir de nuevo a su encuentro con la intención de comprobar, una vez más en mi error, que nada allí haya cambiado…o que es posible revivir el pasado solo con algo tan sencillo como caminar por las empinadas calles del Chiado.
Y es que uno no aprende...
El enlace puede tardar un poco en abrir así que pido paciencia, decidí este soporte porque creo que conserva más la calidad y además permite verse a pantalla completa (botón derecho del ratón). Dejo también el video en Youtube , aunque aquí se ve con algo menos de calidad. Espero os guste. Un abrazo.
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viernes, 24 noviembre 2006
VUELTA A LISBOA
Calculando los años que hace que estuve en Lisboa me he dado cuenta de que el tiempo pasa. Aquellos recuerdos que hasta hace poco brillaban en mi mente con colores vivos, ahora no son más que sombras . Aún así, quedan en mi memoria de aquel primer viaje a esa ciudad triste, bella y decadente, sombras mates en blanco y negro, y los restos flotantes de mi mayor naufragio amoroso. Detalles de aquel viaje permanecen intactos; unas palomas volando por encima de mi cabeza; cientos o miles de flores moradas de Jacarandá coloreando una mañana calurosa de primavera; un “que será de nosotros” insignificante ante el ocaso del Castillo de San Jorge,… y una lluvia fina empapando aquel paseo nocturno sin rumbo.
Estuve en Lisboa hace exactamente quince años. Guardo de esos tiempos recuerdos que hoy me resultan gratos. A pesar de todo..., porque con los años, todas las experiencias vividas en aquella época, las buenas y las malas, empiezan a teñirse de la misma nostalgia que ya baña mi infancia o mi adolescencia. Y eso hace que las sienta o al menos tenga la necesidad de sentirlas como verdaderamente especiales por duras que resultaran entonces. Sí, así es, porque alli, de nuevo junto al rio, encontré las calles empinadas del Chiado y del desamor…
Viajo mañana a Lisboa para reencontarme con el morado, imposible casi, de la Jaracandá en Noviembre, para pasear por el barrio de Mouraria en busca del verdadero Fado, ese que cada noche Mariza me canta al oido antes de perderme en la incertidumbre del sueño; para sentirme una vez más en casa estando lejos de ella y para reecontrarme con aquella noche de lluvia que fue durante mucho tiempo la más soñada…
Mañana llegaré a Lisboa a tu lado, besaré tu pelo, agarraré tu mano fuertemente y te pediré que seas testigo del reencuentro con esa ciudad triste, bella y decadente; la que fuera capital de mi amargura; a la que un día prometí no volver nunca, nunca...
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sábado, 09 septiembre 2006
BELLEZA QUE MIRA
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martes, 27 junio 2006
POSTAL DE MOCHILA

Aquel calor que se respiraba era insoportable, se me pegaba al cuerpo y me daba la impresión de que me deshacía. Apenas podía ya moverme, me costaba escribir, sostener el bolígrafo que sudaba sobre mis dedos o mantenerme mínimamente erguido para ver el cuaderno en una posición mínimamente aceptable. Me dolía casi todo, la cama del dia anterior no era precisamente cómoda. Las llagas en los pies me estaban matando, las sandalias me quedaban muy “hippies ” pero eran un camelo para turistas imprudentes como yo. En cuanto acabé de escribir la postal me puse los trekking, con calcetines, pues prefería aguantar el calor que el dolor de las llagas. Tenía hambre, sin embargo apenas podía comer por el calor y tampoco el cuscus con pollo era mi plato favorito. En esas condiciones escribí:
Querida I.:
Casi todo es perfecto, el trayecto entre Erfoud y Merzouga increible, ya se nota que nos adentramos en el desierto. Aunque debido a los dias de temporal, el aire se ha vuelto espeso y cuesta respirar, pero eso no quita que el paisaje y los lugares que hemos atravesado sean increiblemente bellos. Por las noches uno se da cuenta de que el cielo estrellado de este lugar no parece el mismo que el que vemos allí en nuestras ciudades. Nada tiene que ver, este es simplemente sobrecogedor. Said acaba de traerme un té para rebajar el calor de mi cuerpo, justo antes de que salgamos para visitar el lago salado Dayet Srji, en el que, según me aseguran, podemos ver flamencos (no creo que haya tantos como los que tú y yo vimos en primavera en Fuente de Piedra, pero siempre es bonito ver el rosa de sus alas atravesar el cielo). La foto del reverso es de las dunas que hay en esta zona, como ves una auténtica maravilla, aunque son tan cambiantes, que dan un poco de miedo, pues los caminos desaparecen bajo ellas y es fácil desorientarse. En fín que como te decía casi todo es perfecto.
Solo faltas tú.
Cuando llegue a Ouazarzate te escribiré otra postal, mientras tanto te mando besos en esta brisa que viaja hacia el norte…
Xienra
Tema: Cheb Mami - Alache Alache
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jueves, 15 junio 2006
SUKHOTHAI (TAILANDIA) II
(Cont. de post 04/05/06)
Cuando me levanto por la mañana Mamoon trabaja ya en el huerto. Aún no son las seis de la mañana y sin quererlo soy testigo de una escena que me conmueve. Poo le trae Khao Tom (Gachas de arroz) al huerto, desayuno habitual de los tailandeses. Mientras le pone el tazón en las manos, él le dirige una sonrisa tierna. La curiosa escena ocurre justo antes de que I. se despierte; ella no puede explicarse que clase de química me compone, que me permite no dormir más que tres o cuatro horas y estar tan fresco como una rosa a pesar de la cerveza de la noche anterior.
Poo se esmera en todos los detalles y junto a las tostadas nos coloca una mermelada de frambuesa en unos pocillos cuadrados realmente bonitos. Mientras desayuno mis tostadas miro a I. como toma su café; ella con su pierna abraza por debajo de la mesa mi pantorrilla. Forma parte de nuestros juegos cotidianos, pero no hemos caído que estamos en público y que los tailandeses son muy cautos con sus expresiones afectivas. Así que en seguida percibo en la distancia una mirada entre admirativa y culpable de Poo, que prepara los cubiertos para el resto de alojados.
Mamoon se ofrece para acercarnos hasta la parada del songthaew que nos acercará al parque arqueológico. Viajamos rodeados de estudiantes uniformados que acuden a sus clases con la misma cara de aburrimiento con la que creo recordarme en mis días de estudiante bachiller. En este país, con este clima tan caluroso, debe ser duro encerrarse a despejar incógnitas matemáticas, que no vitales, cuyo sentido y utilidad aún a mis años no he conseguido entender.
Son otro tipo de incógnitas las que nos han llevado a esta ciudad de las llanuras centrales de Tailandia, las que para nosotros se forman al pensar en la dimensión de un hombre, el Rey Ramkhamhaeng, quien no solo gobernó en un periodo de prosperidad para el recién emancipado pueblo thai (esto en un gobernante obviamente es una obligación y no un mérito) sino que también favoreció el desarrollo con una singular contribución humanista. Inventó un modelo de escritura para que los Thai de entonces pudieran dejar grabada en las piedras su propia historia como pueblo. O también ver, si realmente el lugar responde a las expectativas que nos han creado algunos conocidos nuestros que han estado anteriormente y que sitúan al lugar entre los más bellos del mundo, y lo que es más importante, en los que más paz uno puede respirar.
Y no nos decepciona, porque apenas alquilada la obligada bicicleta en la entrada del parque y después de haber dado unas pocas pedaladas con la inevitable sintonía veranoazulista en la cabeza, se muestra ante nosotros un increíble panorama, en el que el color baña con osadía esta espectacular composición mezcla del tiempo, del esfuerzo humano y de una espiritualidad que nos aloja momentáneamente en un silencio rotundo. Hasta que las campanas desfilantes de una veintena de monjes budistas perfectamente alineados nos recuerdan con su tintineo que aún somos terrenales…


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jueves, 04 mayo 2006
SUKHOTHAI (TAILANDIA)
Hoy, tras una conversación bloguera, he echado de menos aquello...(Gracias Mor)
(Extractado de diario de viaje: Nueve de Diciembre del 2004 )
Había intercambiado un par de correos con Mamoon antes de llegar, pidiéndole que nos acogiera en su casa. Para ir a Sukhothai
hay varias posibilidades, pero nosotros elegimos quizás la que más encanto viajero tiene. Una vez dentro del tren, buscamos nuestro asiento y nos dejamos llevar por el balanceo de la máquina sobre los primeros kilómetros de raíles.
Somos los únicos extranjeros que viajamos en el vagón. El motivo es bien sencillo, la mayor parte de los turistas hacen el trayecto directo a Chiang Mai y como dura ocho horas, prefieren en general la comodidad del avión o del vagón nocturno que permite viajar durmiendo en cómodas literas. Nosotros hemos preferido hacer esta parada, no se muy bien porqué, quizás atraídos por la información que hemos recopilado previamente de Suhkothai y porque a la hora de viajar, a veces, lo más fácil no es lo mejor.
Durante el viaje observo a los pasajeros, entre curioso y divertido. Aunque este tren es parecido a otros trenes del mundo, me llama la atención el hecho de que los Thai muestren ante los paisajes la misma sorpresa y admiración que nosotros mostramos, lo que certifica la belleza objetiva del lugar, señalando con el dedo el horizonte y comentando cuando desde la ventanilla vemos algún paraje pintoresco.
Al llegar a Pitsanulok, tenemos que cambiar de la estación de tren a la de autobuses, probablemente en tuk-tuk. Una vez más, este país nos sorprende, porque todo resulta tremendamente fácil, y en cinco minutos ya hemos hecho el cambio. Al llegar a la estación de autobuses pareciera que el autobús de Suhkothai estuviera esperando por nosotros, el conductor del autobús sonriendo por nuestro despiste, pronuncia en voz alta una frase inteligible y nos hace señales con las manos como diciendo: ¡venga! ¡venga!, así que las prisas hacen que a punto esté de no pagar al conductor del tuk tuk
. Menos mal que I. se da cuenta y me avisa, pero incluso con el olvido, este joven “taxista” ,no ha perdido la sonrisa mientras metía nuestro equipaje en el maletero del autobús, y eso que casi se queda sin sus 40 baths . Ocupamos las dos últimas plazas que quedan libres en el autobús atrás del todo. El viaje transcurre tranquilo y divertido, está lleno de estudiantes adolescentes y para ellos somos un poco la novedad. Así que pasamos todo el viaje intercambiando sonrisas. Las chicas pasan el viaje maquillándose con unos polvos que dejan sus caras totalmente pálidas, y pintando sus labios de un rojo carmesí vivísimo. Ellos no paran de mirarnos. Uno se decide y en un ingles poco comprensible (como el mío más o menos) me pregunta de donde somos: “Spain we come from Spain”. “ohhhhhhhh….Sapein so far…!!!!”. Sonrió y asiento, es cierto venimos de lejos, y sin embargo no nos sentimos extraños. Curioso ¿no?
Después de hablar con Mamoon por teléfono acabamos subiéndonos a una ranchera enviada a la estación por él, que nos llevará a la casa. Está situada en pleno campo, alrededor todo son arrozales, y en la entrada dos tinajas enormes llenas de agua muestran unas hermosas flores de loto azules. Llegamos, y nos saludamos con Mamoon, es joven, tiene 29 años, y vive en la casa con su mujer Poo y su cuñada Piiu,
ambas algo más jóvenes que él. Tras descalzarnos y pasar al porche, nos ofrece una cerveza fría (Chang) y nos enseña fotos de toda la gente que durante el año que lleva en la casa ha ido pasando por ella. Lo hace con orgullo, señalándonos en el álbum una foto de otra pareja de españoles. Son muy atentos y naturales. Mamoon estudió en Paris, habla bien Francés y algo de Inglés, y me pregunta términos en español, parece muy interesado en nuestro país.
El bungalow es pequeño pero limpio, muy confortable, y está rodeado de flores y plantas tropicales
. Tras acomodarnos conocemos al resto de los huéspedes: Un inglés errante (ha ido viviendo en diferentes paraísos: Ibiza, Rio, Sydney, Goa, etc.) que se gana el sustento dando clases de inglés a los Thais; Un belga que reside en Dubai, casado con una Tailandesa, que ha venido para ver a unos amigos en la ciudad, y finalmente una pareja de Suecos en Gran Tour muy jovencitos que viajan sin nada de nada (se les ve enamoradísimos, y ese es su gran equipaje). Por la noche, y tras una deliciosa cena (carne de cerdo picante con albahaca+arroz) casi en familia, todos, huéspedes y anfitriones, charlamos de la vida, de las cosas y de este país tan intenso. I. se acuesta un poco primero, yo aguanto el tirón con el inglés que tiene buena conversación, y acabo acostándome tarde para variar, ebrio de tanta cerveza y de tantas sensaciones...
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